Las lágrimas de Higgs y el origen de la masa.

07/09/2012

Hace ya casi 50 años, un joven científico recibió una notificación de rechazo sobre un artículo de dos páginas que había enviado a la revista de física europea Physics Letters. La revista argumentó el rechazo diciendo que “el artículo no era de relevancia evidente para la física”. El joven se llamaba Peter Higgs. Un árbitro de la revista –un físico de mucho peso en esa época– sugirió al autor agregar una discusión de las implicaciones físicas de la idea que se proponía en el texto. Tal vez eso ayudaría en otra revista…

El joven británico agregó entonces un párrafo al texto en el que describía que la implicación física del mecanismo propuesto en su texto, era la existencia de un campo que podía dotar de masa a las partículas fundamentales. En esa época, el asunto del origen de la masa de las partículas fundamentales era un enigma. El artículo fue enviado así al Physical Review Letters y publicado al siguiente año. La idea resolvería en los siguientes lustros un problema importante en la emergente física de partículas, que predecía resultados absurdos para altas energías si a las partículas fundamentales simplemente se les asignaba una masa distinta de cero en las teorías. Y sin embargo, la tienen. Usted, yo y el queso gruyere claramente tenemos masa. Pero tampoco se podían desechar las teorías, para casi todos los casos, las teorías predecían con pasmosa precisión el comportamiento microscópico de la materia.

Casi cinco décadas después de aquél rechazo, Peter Higss apenas podía contener las lágrimas mientras diapositiva tras diapositiva, Fabiola Gianotti, vocero de uno de los experimentos del Large Hadron Collider (LHC) mostraba la evidencia convincente de que la partícula asociada al campo de su ya antiguo artículo, existía. Hoy, hay una buena probabilidad de que el profesor Higgs reciba eventualmente, junto con otros pioneros de la física de partículas, el premio nobél de física.

La simetría como martillo

Las cosas más profundas en el universo muchas veces son consecuencia de las cosas más simples. La simetría por ejemplo, parece estar entretejida en el armazón de la naturaleza. Podría decirse que el universo tiene un diseño fundamentalmente simétrico, aunque algunas veces esas simetrías estén ocultas.

Un monumento o edificio que se ve igual en diferentes partes o desde diferentes ángulos, en general parece más bello. Si la cara de una persona es más simétrica, más atractivo es para el sexo opuesto. En física sucede algo similar. Por ejemplo, si una cantidad o ley física se mantiene constante durante un tiempo entonces la energía se conserva. Si las leyes naturales son las mismas aquí que en cualquier otra parte, la cantidad de movimiento en un sistema se conserva.

A inicios del siglo pasado una de las aportaciones científicas más relevante y menos reconocida de la historia, fue la de Emily Noether. Noether, matemática alemana, develó uno de los principios más profundos de la naturaleza: demostró que por cada simetría presente en un sistema –el universo incluido–, existe una cantidad física que se conserva, que no cambia. La energía es una de esas cantidades. Si un sistema mantiene sus leyes físicas simétricas en el tiempo –invariables en el tiempo–, el sistema completo conserva la energía. Hoy pensamos que el universo es un sistema así, que las leyes de la naturaleza son iguales hoy que hace 100 o 10,000 años y que así continuará en el futuro. Otro caso interesante es el de la simetría en el espacio: según Noether, si las leyes físicas se mantienen iguales sin importar en dónde estemos en el espacio, el momento (cantidad de momento) tiene que conservarse.

La fuerza de gravedad que sentimos hoy debido a la masa de la tierra bajo nuestros pies por ejemplo, es igual de intensa que ayer y que hace miles de millones de años. Tenemos evidencia de que esto no ha cambiado ni razones para pensar que esto cambiará en el futuro previsible. Noether explicó la conservación de la energía y de muchas otras cantidades físicas como una característica inherente, primitiva incluso, de nuestro universo. Cuando algo se conserva es porque existe una simetría en la naturaleza. Creo que no es una coincidencia que algo nos guste más cuando es más simétrico en algún nivel. Está en nosotros. Se encuentra íntimamente bordado en cada pieza que nos forma y en cada ley que nos afecta.

Entonces, si las leyes no cambian en el tiempo, la energía se conserva. No hay más. Si las leyes son las mismas en el espacio, la cantidad de movimiento se conserva. Y si las leyes son las mismas sin importar en qué dirección del universo nos fijemos, el momento angular se conserva. Sin duda, el poder predictivo de encontrar simetrías es muy poderoso. Eso le gusta a los físicos.

Parafraseando a la abuela, cuando tienes un martillo en la mano, todo a tu alrededor empieza a parecerte un clavo… Esto es exactamente lo que pasó con los físicos de partículas el siglo pasado; a partir de los años 40´s, la simetría se convirtió en la herramienta favorita para encontrar un modelo que describiera suficientemente bien el mundo microscópico, el mundo de lo que estamos compuestos: átomos, protones, cuarks y electrones, partículas fundamentales. El resultado de usar el martillo de la simetría fue pasmoso para la física.

La historia de la física de partículas ha ido de la mano de las simetrías en física: primero se juntaron las teorías más exitosas que se tenían, la relatividad y la mecánica cuántica. A ellas ya integradas, se les pidió cumplir algunas simetrías básicas (técnicamente se conoce como la simetría U(1)) y ¡pum! se obtuvo la conservación de la carga eléctrica, y la QED (electrodinámica cuántica) con todo y su predicción de la antimateria y las 12 cifras decimales de precisión en los resultados experimentales. Nunca se había logrado esta coincidencia tan extraordinaria entre teoría y realidad.

Ya picados con el éxito, los físicos siguieron explorando las simetrías en las teorías. Aún pretendían explicar dos fuerzas más de la naturaleza: la interacción débil que está relacionada con el decaimiento radiactivo, necesario para explicar los procesos nucleares en el sol, y la interacción fuerte, que es el engrudo que mantiene los núcleos de protones y neutrones unidos. Sin explicar estas dos fuerzas, no era posible entender cabalmente la existencia del átomo más simple siquiera.

El camino no fue fácil, pero la confianza en la simetría rindió sus frutos: hacia los años 70´s la comunidad científica estaba convencida de que se tenía un modelo sólido para describir a la perfección cualquier experimento concebible. Pero el concepto de simetría tuvo que ceder un poco. En el caso de la interacción débil, existían características…

I, los físicos encontraron algo

Y pasaron entonces dos cosas diferentes al aplicar la simetría una vez más: por un lado para el caso de la fuerza fuerte, el requerimiento de conservar una simetría más, dio origen a otro éxito con la cromodinámica cuántica (QCD), su explicación unificada de la interacción fuerte y el electromagnetismo. En el caso de la interacción débil, parecía poder explicarse con una misma teoría junto con el electromagnetismo también, pero la simetría que permitía describir la fuerza débil no era exacta, se cumplía parcialmente, a muy altas energías. Adicionalmente, se predecía algo muy difícil de aceptar para conservar esa simetría: las partículas involucradas en la transmisión de la interacción débil, no podían tener masa. Pero tanto teórica como experimentalmente se sabía ya en los 70´s que eso no era posible, así que este resultado más que un éxito era un enigma.

Higgs rompe la simetría con sus lágrimas

La simetría no siempre está a la vista. Y bajo ciertas condiciones, aún estando presente, no se manifiesta. Imaginemos tres luces de colores complementarios (rojo, azul, verde) que iluminan una misma zona como en la figura de abajo.

Esa zona central se verá blanca. acerquémonos cual hormiga de manera que únicamente podamos ver la zona blanco. Ahora permutemos de lugar cualesquiera dos lámparas. La masa como propiedad emergente.

El origen de la masa de las partículas

La mayor parte de la masa que no viene de Higgs.

La receta para aburrirse con la física de partículas

Cabos sueltos en la evidencia sobre Higgs y lo aburrido o no de haber encontrado “justo” lo que se esperaba?

El costo de las lágrimas.

Durante una buena parte de los últimos treinta años, los físicos han estado convencidos de que la partícula y el campo que Higgs propuso, tenían que existir. La razón es que, a pesar de que nadie había podido producir evidencia experimental de la existencia de la partícula de Higgs hasta el pasado 4 de julio, sin ellos el modelo que exitosamente explica una parte importante del funcionamiento del mundo y que involucra las partículas como los protones, neutrones y electrones de los que están hechos los átomos, no podría funcionar. Pero sabemos que funciona; experimentalmente, a una precisión pasmosa, el modelo estándar de la física de partículas ha acertado a cada predicción que ha hecho. Por eso, la gran mayoría de los físicos pensaba que no podía no existir. Sin embargo, nadie había podido demostrar su existencia en el laboratorio.

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La madre de todas las revelaciones y la insuficiencia de la ciencia para explicarla.

05/06/2012

La ciencia no sirve para explicarlo todo. Incluso lo más obvio de la naturaleza parece escapar de toda “explicación” científica.

Si hacemos el esfuerzo de ahondar un poco en cómo la ciencia explica lo que explica y en lo que no podría explicar aunque quisiera, nos despojaremos de un prejuicio importante sobre lo que nuestro entender puede abarcar. Pretender en particular que la física y sus leyes son suficientes para explicarlo todo, incluso en principio, es como pensar que invocar a un dios todopoderoso lo puede explicar también todo. Uno puede creerlo si quiere, pero no hay evidencia que lo justifique realmente.

Al tratar este tema, para empezar es muy común que se ignoren las limitaciones intrínsecas de nuestro cerebro para destilar las leyes fundamentales, pero ese sutil tema merece su propia reflexión. Por lo pronto permítanme acariciar un aspecto más práctico, acaso más fundamental, de las limitaciones de las leyes físicas para entender fenómenos comunes de nuestro universo.

Tal vez el concepto físico más obvio con el que interactuamos cotidianamente es el tiempo; ese constante parteaguas entre el pasado y el futuro. Hablamos de cómo nos falta o de cómo parece fluir sin darnos oportunidad de detenerlo. Pero rara vez nos detenemos a pensar en por qué tiene esa asimetría que nos deja –o más bien obliga– distinguir el pasado del futuro. En nuestra mente lo pasado es, para bien o para mal, intocable, mientras que el futuro parece ofrecer un infinito de posibilidades. La idea misma de libre albedrío, está arraigada en esta concepción del tiempo.

Para un físico el tiempo es una especie de telón de fondo con sus muy peculiares características. ¿La más intrigante? Justo el que siempre parezca fluir en una dirección. Sin embargo, para un físico y sus leyes, esta característica no es nada natural. Hemos recorrido un buen trecho en el entendimiento tanto en el mundo de lo extremadamente pequeño como en el de lo muy distante en el espacio o en el tiempo. Sin embargo, aún no entendemos por qué es que ninguna de las leyes naturales parece generar esta irreversibilidad tan patente: siempre nacemos antes, crecemos y morimos después, nunca al revés. Los objetos calientes terminan enfriándose si los dejamos solos, nunca al revés. Recordamos el pasado y no el futuro, nunca al revés.

Tanto si se trata de las leyes que gobiernan las moléculas de aire en el cuarto en el que estamos o de las que rigen el movimiento de nuestra galaxia alrededor de otras galaxias, encontramos leyes totalmente reversibles. Si uno pasara una película de las moléculas chocando en el espacio del cuarto o de las estrellas girando en torno a la galaxia, en un sentido o en otro, hacia adelante o hacia atrás, lo que veríamos no le extrañaría a nadie; de hecho no habría manera de saber si dicha película se está pasando en cualquiera de los sentidos. ¿Por qué? Precisamente porque las leyes son reversibles. Las moléculas chocando, igual que las bolas de billar, siguen las mismas leyes al colisionar entre ellas en un sentido o en otro. Un planeta girando alrededor del sol se ve idéntico y sigue las mismas leyes tanto en sentido de las manecillas del reloj como en sentido opuesto.

A un nivel fundamental, se trate de galaxias en grácil danza con otras galaxias, soles explotando o partículas atómicas interactuando, la naturaleza no parece distinguir si el tiempo corre hacia adelante o hacia atrás. Y sin embargo… Sabemos que el universo distingue. A otro nivel, cuando vemos fenómenos relativamente complejos, es absolutamente obvio que hay una dirección preferente. Si ahora pasamos una película de un papel quemándose, cualquiera de nosotros puede distinguir si la película está puesta en sentido contrario al que se grabó. Sabemos que la flama consume el papel y no hay vuelta atrás; es imposible reconstruir, de los residuos carbonizados, el papel original. Lo mismo sucede con casi cualquier fenómeno cotidiano: al guisar la comida es imposible recomponer los ingredientes, el café no se pude separar de la leche, no puedo ser jamás más joven, etc. ¿Cómo es que están conectadas las leyes reversibles que usamos para entender la naturaleza con la evidente irreversibilidad de la realidad?

En cierta forma, esta conexión es de lo más natural; dado un estado determinado del universo en cualquier momento y leyes reversibles, es simplemente lo más probable que todo evoluciones hacia una situación de menos orden. Un castillo de arena se deteriora en un montoncito de arena ya que hay incontables maneras de que la arena se encuentre como un montón desordenado; hay por otro lado mucho menos, inimaginablemente menos, maneras de que los granos estén arreglados para que parezcan un bello castillo.

Así, todo el tiempo estamos viendo que los castillos de arena se convienten en montones amorfos, mientras que nunca nadie ha visto un montón de arena convertirse en un castillo (al menos no sin la intervención de un niño). Entonces, el universo camina hacia lo más probable. De igual manera sucede con un papel quemándose; hay muchas más formas de que las moléculas del papel se descompongan –un claro estado de desorden– desgarren o quemen comparado con el número de arreglos en los que esas moléculas puedan conservar su identidad como papel. El tema es fascinante y si resulta de suficiente interés, está discutido con más detalle en un post anterior en este mismo foro.

El punto importante aquí es que dado un conjunto de leyes naturales y el entendimiento de que es más probable que las cosas vayan de un estado de más orden a menos orden –una consecuencia de las mismas leyes físicas– se explica perfectamente esta flecha o asimetría del tiempo… Salvo por un detalle: Para ir de algo menos desordenado a algo más desordenado, primero se necesita que en el pasado existiera esa condición de menos desorden.

¿Por qué en el pasado, mi cocina, la tierra, la galaxia y el universo estaban en un estado de menos desorden y entropía? Nadie lo sabe. No es una ley natural. No hemos encontrado nada en este universo, cerca o lejos, que nos haga pensar que tiene una razón de ser. No se deduce de una ley física, ni de la mecánica cuántica ni de la ley relatividad general, nuestros dos bastiones más exitosos para entender la realidad de la naturaleza. Pero sin ese principio, extra a las teorías y leyes físicas, es imposible entender la flecha del tiempo, parte de nuestra experiencia cotidiana.

Hoy, es tan probable que algún día tengamos una teoría nueva de la cual este principio se desprenda naturalmente, como que jamás sepamos si puede tener explicación científica. Este simple hecho, deducido sobre el universo completo a partir de la observación mundana de la asimetría del tiempo, constituye una de las cosas más importantes que hayamos entendido jamás, el de consecuencias más profundas. Podría decirse que es “la madre de todas las revelaciones”; el pasado es distinto al futuro, nada puede volver a lo que fue, no podremos recordar nunca más que el pasado y el futuro es una carrera de todo el universo hacia el desorden total.

Y no parece hacer sentido ni poder explicarse de ninguna de nuestras leyes científicas.

– o –

El caso de la flecha del tiempo no es el único para el que no se puede plantear una explicación científica. Hay otro tipo de casos en los cuales las leyes por sí mismas no parecen ser suficientes para entender un fenómeno con una perspectiva estrictamente científica. Casos en los que la explicación parece implicar algún tipo de accidente cósmico…

Los núcleos atómicos compuestos de protones y neutrones, son complicados. Una de sus características es que poseen niveles de energía y que nos sirven para describir y predecir sus propiedades. Encontrar la posición de estos niveles de energía es un problema de enorme complejidad pero no hay misterio alguno en el valor que tienen esos niveles en digamos, el núcleo simple del hidrógeno.

Poco después de lo que hoy identificamos como el inicio del universo, casi toda la masa estaba constituida por núcleos de hidrógeno. Al juntarse más y más masa de estos núcleos, finalmente las condiciones se dieron para iniciar el proceso de fusión nuclear dentro de las estrellas. Este proceso apila los núcleos de hidrógeno para formar helio, y después el helio y el hidrógeno pueden volver a reaccionar para formar elementos más pesados. Sin embargo, la mecánica cuántica, la teoría más exitosa que ha creado la humanidad en términos de poder predictivo, predecía lo siguiente: el universo como lo conocemos no puede existir.

Y no es que una ecuación matemática escupiera en algún lenguaje “el universo no existe” –no– la predicción era que el proceso de fusión más allá del helio produce núcleos inestables que se desintegran de inmediato produciendo nuevamente helio. En el siglo pasado que se descubrió esto, era un enigma la existencia de los elementos de la tabla periódica más allá del helio.

Es posible calcular la frecuencia con que tres núcleos de helio pueden juntarse para formar carbono en el centro de una estrella. Pero el resultado del cálculo es que no puede ocurrir nunca, excepto si el universo se hubiera sacado la lotería cósmica. Excepto si por una increíble coincidencia la interacción complejísima de 12 partículas en un núcleo atómico tuvieran justo, ni más ni menos, un nivel de energía en 7.82 millones de volts o MeV´s (mega electronvolts). Hoyle (astrónomo), y Salpeter (físico) se vieron en el siglo pasado obligados a concluir que el carbono tenía que contar con un nivel de energía a exactamente 7.82 MeV. O aceptar que ellos no existían.  La existencia de ese muy particular nivel de energía en el carbono, era la única forma en que se podía dar el caso de que las 12 partículas sobrevivieran juntas -en un núcleo- el suficiente tiempo como para que se dieran otras reacciones y se pudieran generar los demás elementos de la tabla periódica. En realidad había una tercera opción: la mecánica cuántica estaba totalmente mal, algo que no estaban dispuestos a aceptar tan fácilmente ni Hoyle ni Salpeter.

Las mediciones de los niveles del carbono confirmaron la audaz sospecha del dúo: el carbono-12 tiene un nivel de energía en exactamente 7.82 MeV, el único valor que haría que el carbono pudiera sintetizarse en una estrella a partir de helio y que a su vez permitiría la existencia de todos los demás elementos de la tabla periódica. Y de nosotros.

Este nivel de energía en particular del carbono, se nos presenta como un accidente de la complicadísima interacción nuclear entre seis protones y seis neutrones. En un sistema simple como el del núcleo de hidrógeno podemos calcular sin demasiados problemas, pero cuando el sistema se hace más complejo –y miren que 6 protones en el núcleo de carbono no se antoja tan complicado– las propiedades importantes, incluso primordiales como la de que se puedan crear elementos sin los que sin duda no podríamos existir, no pueden extraerse como consecuencia clara de las leyes con las que describimos las partículas.

Todo esto me hace pensar en la entretenida comedia de Douglas Adams, Hitchhiker´s guide to the galaxy, en la que una sociedad decide averiguar la respuesta a la pregunta definitiva acerca del universo, la vida y todo lo demás, dedicando una supercomputadora del tamaño de un planeta a encontrar esta respuesta. Tras millones de años, la computadora declara el cálculo listo y esta sociedad completa se vuelca en espera de la respuesta: finalmente se da a conocer. La respuesta al universo, la vida y todo lo demás era 42.

Yo diría que la respuesta es 7.82.

Estos ejemplos son la muestra de que el conocimiento de las leyes naturales no necesariamente es un instrumento para comprender los hechos naturales. Los detalles de la experiencia real, a veces están incluso muy alejados de las leyes fundamentales. El universo mismo se nos presenta como apto para ser descrito en jerarquías, no únicamente a partir de leyes científicas y fundamentales.

A un nivel primario, la temperatura es un ejemplo de algo que es muy útil para describir diversos fenómenos que experimentamos, olvidando que a nivel fundamental la temperatura representa de manera simple, con un número, el complejísimo comportamiento conjunto de las moléculas que componen un material. Sin embargo, en muchas situaciones, podemos simplemente obviar ese comportamiento fundamental; no necesitamos entender la distribución de energía cinética de la atmósfera en un día determinado para saber si debemos llevar ropa ligera o abrigada al salir de casa; saber la temperatura bastará.

Tenemos que hablar de distintas jerarquías para describir el mundo. Las cosas vivas por ejemplo, ¿cómo las describimos con leyes fundamentales? Luego vienen los sentimientos y cosas como las interacciones sociales. No podemos cerrarnos a las leyes fundamentales y su ciencia. Necesitamos hacer uso de toda una jerarquía de enfoques para llegar al cabal y racional entendimiento de lo que debe ser la respuesta a la pregunta definitiva sobre el universo, la vida y todo lo demás.

-Espaciotiempo


El calibre ETA 2892: confiable y fino caballo de batalla mecánico

12/05/2010

INTRODUCCIÓN
Nada mejor para apreciar un reloj mecánico, su complicación, belleza intrínseca y por qué no, su costo, que analizar las entrañas de uno. A continuación hago esto con el más exitoso calibre de ETA y que se usa en los relojes de alto perfil de muchas marcas. Para los que recién se inician en el conocimiento de la relojería mecánica, les recomiendo que antes de leer esta disección vean el pequeño video de la anatomía gráfica de un reloj mecánico que aparece en el índice de los temas técnicos de la columna derecha de este blog.

HISTORIA Y DESCRIPCIÓN
El movimiento ETA 2892.A2, la última versión del calibre 2892, es un diseño que data de 1983. El diseño original de los 1970´s se basaba en un muy buen calibre de Eterna, el 1466U, que a su vez es de los años 1950´s. Durante todo este tiempo el ETA2892 ha demostrado su solidez, durabilidad y en su versión más elaborada, una precisión que no envidia a ningún movimiento. En general los ingenieros de relojería ven al 2892 como un calibre de la misma calidad y categoría de desempeño que los de manufactura. Incluso la casa de Schaffhausen (IWC), famosa por sus finísimos y precisos movimientos de manufactura propia, ha usado al ETA 2892 como base para algunos de sus modelos más populares como el Portofino o el Mark XV y XVI. El 2892 está equipado con las partes más finas que ETA produce y es un calibre automatico de 21 joyas, disponible en tres ejecuciones o grados: Elaboré, Top y Chronomètre. Los componentes clave que distinguen a un Top de un Elaboré o un Chronomètre, son las paletas del áncora, el volante, la espiral y el mecanismo regulador o registro. En el caso de los dos grados más finos (Top y Chronomètre), son los materiales y la especificación de acabado funcional (un buen acabado reduce la fricción) lo que produce un mejor desempeño y confiabilidad del calibre.
En particular, el volante está hecho de níquel en el caso del Elaboré. En el caso de los grados Top y Chronomètre, el material usado en este calibre es el Glucydur, una aleación de berilio, hierro y cobre. Para la espiral del volante, ETA usa Nivarox II para el Elaboré y Nivarox Anachron en los otros dos grados. El Nivarox es una aleación de hierro níquel y cromo principalmente, con pequeñas cantidades de titanio y berilio. De las variedades de Nivarox la más fina es la conocida como Anachron. La razón de usar estas aleaciones para los volantes, espirales y hasta para algunas ruedas del tren de rodaje, es que tienen una combinación de propiedades útiles en la maquinaria de los relojes: son relativamente amagnéticas, muy durables, conservan su forma y tamaño en un rango de temperaturas bastante amplio (-10 ˚C a +40 ˚C) además de ser resistentes al óxido.
Para ilustrar las diferencias en exactitud que cada grado puede ofrecer, basta con observar las especificaciones de cada uno. El grado Elaboré es susceptible de ajustar en 4 posiciones con promedio entre ellas de +/-5 segundos (s) al día con una variación máxima diaria de +/-20 s por día. El grado Top debe poderse ajustar en 5 posiciones con una variación promedio de +/-4 s por día y con una variación máxima diaria de +/-15 s. Al grado Chronomètre se le pide además pasar las pruebas de COSC, que es una cuestión, en esencia, de ajuste.
El movimiento es relativamente pequeño y muy popular entre los fabricantes de relojes debido a su perfil muy delgado de únicamente 3.6 mm a pesar de ser un calibre automático. Por otro lado también dispone de una reserva de marcha fuerte y de torque relativamente constante que lo ha hecho un favorito para añadirle un sinnúmero de complicaciones (que consumen parte de la energía potencial almacenada en la espiral de la cuerda) como cronógrafos, fechadores perpetuos, fases lunares etc.
Desde su propia concepción, el calibre fue diseñado para ser automático, lo que significa que el sistema de remonte automático de la cuerda está integrado y no añadido como un módulo aparte. La ventaja de esto es que el calibre resultante es muy delgado. Las dimensiones del ETA2892 son de 26.2 mm de diámetro y 3.6 mm de grosor. La frecuencia de oscilación es de 4 Hz, o lo que es equivalente, 28,800 alternancias por hora (aph). Esto lo convierte en un calibre de los denominados rápidos. Como comparación, los relojes de bolsillo del siglo XX oscilaban a 18,000 aph. La reserva de marcha es de aproximadamente 42 horas y cuenta con 21 rubíes o joyas para sustentar con el mínimo de fricción los ejes de las múltiples ruedas del calibre. Cuenta también con un regulador de marcha fino, sistema de protección al impacto incabloc y paro de segundero para facilitar la sincronización con una referencia horaria.
DISECCIÓN Y ANÁLISIS TÉCNICO DEL CALIBRE
Iniciamos el análisis y disección del 2892 usando un 2892-2 de un reloj Hamilton. Comienzo mostrándolo después de removerse de la caja del reloj y la disección proseguirá hasta que no queden más que la platina y las demás piezas sueltas. En el camino comentaré las particularidades que hacen este calibre tan bueno así como sus debilidades.
La primera imagen muestra el calibre por detrás de la carátula y puede verse el rotor del sistema automático. El eje del rotor “semicircular”es bastante ancho y por lo tanto robusto, lo cual es una protección antichoques bastante eficiente para el sistema automático. Puede notarse que el rotor gira sobre un microbalero metálico.

Apreciamos a continuación la máquina sin el rotor ni el puente que lo sostiene. Este es un movimiento grado Elaboré, nótese la austeridad en el acabado de los puentes y platina que no tienen los terminados que caracterizan a los grados Top y Chronomètre . Un poco más abajo veremos la apariencia estos acabados.


Obsérvese el tren de rodaje completo que transmite la potencia desde el cubo o barrilete que contiene la cuerda y que es el cilindro grande visible en la parte superior del calibre. Desde el cubo, abajo a la izquierda puede verse la rueda central (aunque no está en el centro del movimiento). Luego abajo a la derecha le sigue la rueda primera o minutera y un poco más abajo se aprecia la rueda segunda o segundera, que está en el centro del calibre y cuenta con un vástago (no visible en la imagen) que atraviesa hasta el otro lado del movimiento y acciona la manecilla segundera del reloj. Finalmente abajo a la izquierda está la rueda de escape y que conecta la rueda segundera con el áncora y el volante que regula el reloj.

Veamos ahora el puente que sostiene al rotor y que quitamos de encima del movimiento para ver el rodaje. En la imagen el rotor está boca abajo y se ve sobre él el puente que lo une al calibre. Si se analizan esta imagen y la anterior junta se verá que el mencionado puente encaja dentro del movimiento, lo cual ahorra espacio y es en gran parte los que hace del ETA 2892 un calibre muy delgado.
Retirando los tornillos del puente y del rotor podemos estudiar ahora el mecanismo interno del sistema automático. El secreto del mismo son dos dobles ruedas (la 3a y la 4a de izq. a der.) que están diseñadas de tal manera que sin importar en qué dirección gire el rotor, la rueda que se conecta (la 1a de la izq.) con el cubo de la cuerda, siempre gira en una sola dirección, como lo requiere la cuerda por supuesto.
Del otro lado del movimiento, del lado de la carátula, encontramos la minutería o transmisión que mediante ruedas de engrane adecuadas convierte el movimiento del tren de rodaje del otro lado en la indicación de horas, minutos, segundos y fecha que ofrece este calibre.
Al centro, en color cobre encontramos el cañón de horas que naturalmente va conectado a la manecilla de las horas y concéntrico a éste el cañón de minutos (en plateado) así como el vástago que se une a la manecilla segundera (también en plateado). A la izquierda y arriba del cañón de horas se ve un engrane plateado intermedio a un engrane oro y plata con un apéndice dorado que gira una vez cada 24 horas y que produce el cambio de fecha al llegar la media noche. Opuesto a este sistema en la parte inferior derecha desde el cañón de horas, se puede apreciar un conjunto de pequeños engranes que culminan en uno plateado con un par de salientes que al girar la vara o vástago en la posición correcta, impulsa el disco numérico de la fecha un día a la vez para un ajuste rápido.
Al quitarse las placas que sostienen los engranes y el disco numérico puede verse la platina desnuda del lado de la carátula. Nótense también las joyas del sistema Incabloc antichoques (piedra rosada en la posición de las 12) así como los engranes la vara o tija y los muelles, que constituyen la transmisión desde la vara hacia cuerda y hacia la minutería para el cambio manual de hora y fecha.
Regresando al otro lado del movimiento tenemos abajo una imagen del 2892 ahora sin el volante ni su puente. Se ve claramente ahora el áncora con el puente que lo sostiene. Para esta imagen se usó un ETA 2892 de grado Top sacado de un reloj Bulgari, para dar una idea de las diferencias en los acabados respecto al primer movimiento en que mostramos el típico grado Elaboré.
Retiramos a continuación el puente del áncora y el áncora. También retiramos el puente que aparece en la parte superior y que descubre el barrilete o tambor de la cuerda, y el puente central que descubre por completo el rodaje. Además de las ruedas centrales, primera y segunda (en el centro), se ve junto a ésta última la rueda de escape, fácilmente discernible por sus largos dientes triangulares.
El puente del barrilete con sus componentes aparece boca abajo en la imagen siguiente. El orificio en el centro corresponde al eje del engrane dorado que se queda sobre el barrilete (ver imagen anterior arriba).
Al quitar la pequeña tapa metálica del lado izquierdo, el sistema que conecta el barrilete de la cuerda con el automático y con la vara para darle cuerda al reloj, aparece más claro. Los engranes del lado izquierdo se conectan con la vara (nótese el canal para la vara a la izquierda) y permiten darle cuerda al calibre de forma manual, mientras que el engrane del lado derecho se conecta directamente con es sistema de remonte automático.
El muelle que se aprecia tocando los dientes del engrane dorado y la parte superior del engrane plateado más pequeño, funciona como trinquete al atorar el engrane del barrilete para no perder el remonte o cuerda del reloj mientras se carga y también permite accionar la cuerda en una única dirección con un mecanismo muy simple. El eje ovalado del engrane pequeño y plateado, asegura que la vara pueda darle cuerda al calibre en un único sentido.
Al quitar las ruedas del rodaje así como el barrilete, nos queda la platina limpia junto con la vara. Como es común aún en los calibres más caros de manufactura, la platina es de latón recubierta con rodio para propósitos de estética y de protección a la corrosión.
Las piezas del rodaje junto con el áncora aparecen a continuación. De izquierda a derecha, la rueda central, la primera o minutera, la segundera y la rueda de escape. Los engranes se ven dorados ya que están hechos de Glucydur, mientras que los piñones en los ejes de los mismos son de acero. Esto es así porque al estar en contacto un piñón con una rueda dentada de material diferente, tienen menor fricción entre sí que si todo fuera del mismo material. Adicionalmente, la aleación de Glucydur es muy fuerte, poco susceptible a deformarse y resistente a la corrosión.
Hablando del rodaje es interesante que en los relojes de cuarzo, incluso los más finos, estas ruedas son de latón. Ya que el par de torsión sobre las ruedas en estos movimientos de cuarzo es muy bajo, no necesitan ser resistentes como en los relojes mecánicos.
Finalmente, el corazón motor del calibre, el barrilete o cubo. Dentro se encuentra el fleje o espiral de la cuerda que da vida al oscilador del volante para que lata de manera constante. En la imagen a continuación se aprecia la forma de los dientes que fue diseñada (con éxito) para minimizar la fricción al transmitir el torque del muelle real al rodaje.
Finalmente, el muelle real fuera del cubo con su brida que hace las veces de clutch y hace imposible que se le de cuerda de más al reloj ya que el muelle completo se resbalaría dentro del cubo sin causar daño alguno ni al fleje ni al movimiento. El muelle ocupa enrollado el 75% del espacio en el cubo y le permite al calibre funcionar unas 42 horas en total con toda la cuerda dada. Como es común en cualquier movimiento, únicamente la mitad de esas horas es considerada utilizable ya que es cuando el muelle provee de un torque constante.
El ETA 2892 es un calibre con torque más que suficiente y por eso se le usa como punto de partida para diseñar y construir relojes con complicaciones como cronógrafos, GMT, calendarios perpetuos y otros. Abajo se muestra la parte posterior de un Ball GMT. Este usa un movimiento ETA 2893, que no es sino un ETA 2893 con una modificación en el lado de la carátula para impulsar una manecilla extra que gira una vez cada 24 horas.

Las otras variantes del 2892 son el 2894, que se modifica para acoplarse con un módulo de cronógrafo como en los Mile Miglia de Chopard, el 2890 y 2891 que presentan la posibilidad de calendario perpetuo y fases lunares, el 2895 con módulo de visualización de segundero a las seis, el 2896 con gran fechador de doble dígito y finalmente el 2897 que ofrece la presentación de reserva de marcha.
En retrospectiva, el ETA 2892 puede tener una historia cincuentenaria, más no por eso ha dejado de evolucionar para mantenerse actual e impulsar un sinnúmero de complicaciones. En calibres de alto desempeño a precio razonable, el ETA 2892 no tiene comparación. Por más que les pese a algunos fabricantes de calibres de manufactura…